miércoles, 5 de septiembre de 2007

Entra el drenaje en coma profundo

El Universal, DF / 5 de septiembre 2007
Icela Lagunas y Ella Grajeda

El riesgo de una inundación en la ciudad de México por aguas negras está latente, pues a la falta de capacidad del drenaje profundo para desalojar grandes volúmenes del líquido se suma que la infraestructura hidráulica está a punto de terminar su vida útil.

Hay colectores que se construyeron con tuberías de concreto que han estado sujetos a gases y tienen más de 50 años, y será necesario sustituirlos.

Aunado a ello, el hundimiento de la ciudad, la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la basura que tapona los ductos, así como los intereses políticos, impiden a los gobiernos del Distrito Federal, del estado de México y federal lograr acuerdos para disipar la amenaza de una gran inundación.

Durante el Foro La realidad del drenaje profundo del DF, organizado por EL UNIVERSAL, especialistas, autoridades y legisladores coincidieron en que es impostergable iniciar obras para la captación y desagüe del agua de lluvia, además de fortalecer la política de reinyección del agua al subsuelo.

A lo largo de los últimos 13 años, que corresponden a las administraciones de Óscar Espinosa Villarreal, Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y la actual, a cargo de Marcelo Ebrard, el drenaje profundo no ha recibido mantenimiento, lo que ha provocado que sus paredes presenten un adelgazamiento.

A toda capacidad

Especialistas en la materia coincidieron en que el Sistema de Drenaje Profundo está trabajando al tope de su capacidad, pero que no hay riesgo de un colapso total. Sin embargo, está la amenaza de una gran inundación, sobre todo en las zonas centro y oriente, las más afectadas por el hundimiento del DF.

La lluvia de todos los días enciende la alerta de un desbordamiento de aguas negras en la capital. Sin embargo, para realizar una supervisión de lo que ocurre en las profundidades de la tierra, las autoridades deben esperar a que concluya el temporal y llegue el estiaje para que los especialistas puedan bajar por las lumbreras (orificios a lo largo del drenaje que permiten a los trabajadores descender a la obra) y ubicar los derrumbes y posibles obstrucciones.

En el encuentro, los especialistas y autoridades plantearon varias propuestas: la creación de un organismo que busque una solución regional y de largo plazo, que defina qué obras se requieren y a quiénes corresponde financiarlas, la construcción del emisor oriente, la captación y uso de agua pluvial, la colocación de pozos de absorción, la recarga de los mantos acuíferos e, incluso, la posibilidad de cobrar a los capitalinos por el mantenimiento del drenaje profundo.

Soluciones técnicas

Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas del DF, reconoció que en 1975 la capacidad de salida de agua del emisor central era de 280 metros cúbicos por segundo y actualmente es de 110; aunado a la erosión y deterioro de las paredes.

“El tubo está lleno y para revisar tenemos que esperar que entre el estiaje”, dijo.

Hay temas que se polemizan y se extienden generando temor entre la población, agregó el funcionario, como el asunto del hundimiento, que la mitad de la ciudad de México no tiene ese problema. En cambio, el oriente, como las zonas de Texcoco, Xochimilco y Tláhuac tienen un suelo arcilloso, que se ha hundido hasta cuarenta centímetros.

Ante este panorama, Hugo Damián, quien participó en la construcción de la mega obra del Sistema de Drenaje Profundo y actual catedrático de la UNAM, planteó la posibilidad de construir un drenaje pluvial que permita el aprovechamiento del agua de la lluvia para llevarla hasta los mantos freáticos.

“Debemos irnos al fondo del problema: le estamos sacando más agua al subsuelo de lo que se está metiendo. Ese hundimiento nadie lo va a detener. Ya nos acabamos el agua del Cutzamala y vamos por la del Tecolutla”, apuntó.

Por ello, dijo, son necesarios más pozos de absorción, plantas de tratamiento y medidas de ahorro a nivel doméstico que permita captar el agua de la lluvia en botes.

Al respecto, José Luis Hernández Dehesa, responsable de la elaboración del Atlas del Riesgo del DF, coincidió en que se debe aprovechar los volúmenes de agua que desciende de la Sierra de Guadalupe.

Ejemplificó que en algunos condominios llevan a cabo ejercicios de recolección de agua pluvial a través de un tanque de almacenamiento, que les permite disminuir los costos de pago de agua potable.

“Coincido en que no hay riesgo de un colapso inminente y de que no se va a derrumbar el tubo”.

Alejandro Martínez, director de Operación del Sistema de Aguas, opinó que de manera emergente, sobre todo en la temporada de lluvias, se atienden los problemas de la red primaria del drenaje.

Una cuadrilla de 5 mil personas hacen trabajos de desazolve y atención en los pasos a desnivel, donde se acumula el agua cuando llueve.

De la Dirección de Protección Civil, Óscar Alejandro Roa detalló que se da atención especial a los 113 puntos de encharcamientos que tienen identificados las diferentes instancias del gobierno.

Simultáneamente, el GDF proyectó la realización de 39 obras que se encaminan a mejorar la problemática de inundaciones y encharcamientos.

Por una política regional del agua

En su intervención, Daniel Salazar, presidente de la Comisión de Gestión Integral del Agua de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, propuso una política regional del agua, ya que este problema involucra a los estados de México, Tlaxcala, Querétaro, Morelos y Puebla.

Sin embargo, Ramón Aguirre consideró que sería deseable, pero es poco factible. “Ni siquiera proponerlo. Si ya es difícil que tres entes se pongan de acuerdo —gobierno federal, del DF y del estado de México—, con mayor razón si intervienen más”.

Los participantes coincidieron que los conflictos políticos generados por el tema hidraúlico son los principales obstáculos para salvar a la ciudad de México de una gran inundación.

“De pronto pareciera que no hay voluntad para llegar a acuerdos”, consideró el legislador.

Los funcionarios, legisladores y especialistas acordaron que los capitalinos deben hacer conciencia de vivir en la metrópoli y las consecuencias de esto: la carencia del agua y la basura que inunda las calles.

Urgieron campañas de los distintos ámbitos de gobierno que hagan reflexionar y que incluso sancionen con la ley a quien tire basura, desperdicie el agua.



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