miércoles, 13 de mayo de 2009

Las guerras por el agua

Muchos conflictos tienen su origen en la escasez de agua, o se ven agravados por ella.

Los gobiernos pierden su legitimidad cuando no pueden garantizar las necesidades más básicas de sus pueblos: agua potable, cultivos de alimentos básicos, y forraje y agua para los rebaños de los que dependen para sus precarios medios de sustento.

Los políticos, diplomáticos y generales de países que sufren estos conflictos suelen tratar estas crisis como lo harían con cualquier otro reto político o militar. Como resultado, Estados Unidos y Europa suelen gastar decenas o incluso cientos de miles de millones de dólares en el envío de tropas o bombarderos para sofocar levantamientos o atacar "estados fallidos", pero no envían una décima o siquiera una milésima parte de esos fondos para enfrentar las crisis subyacentes de escasez hídrica y subdesarrollo.

Los problemas del agua no desaparecerán por sí solos. Por el contrario, empeorarán a menos que articulemos una respuesta. Los recursos hídricos se encuentran cada vez más bajo presión en grandes partes del mundo, especialmente en las regiones áridas. La escasez del agua, que se intensifica rápidamente, refleja superpoblación, agotamiento de las aguas subterráneas, basura y contaminación, y los efectos enormes y cada vez más graves del cambio climático causado por el ser humano.

Las consecuencias son terribles: sequías y hambrunas, pérdida de los medios de sustento, propagación de enfermedades transmitidas por agentes presentes en el agua, migraciones forzadas, y hasta conflictos abiertos. Para llegar a soluciones prácticas pueden ser necesarios muchos componentes, como un mejor manejo hídrico, mejores tecnologías para aumentar la eficiencia del uso del agua, y nuevas inversiones conjuntas de los gobiernos, sector privado y organizaciones ciudadanas.

En el futuro se generalizarán las presiones a los recursos hídricos, tanto en países pobres como ricos. Por ejemplo, Estados Unidos estimuló un auge demográfico en sus estados áridos del suroeste en las últimas décadas, a pesar de la escasez hídrica que el cambio climático probablemente hará más grave en el futuro. Australia enfrenta serias sequías en el corazón agrícola de la cuenca del río Murray-Darling. Es probable que en la Cuenca Mediterránea, incluidos el sur de Europa y el norte de África, se viva un grave proceso de desertificación como resultado del cambio climático.

Habrá que encontrar soluciones en todas las "escalas", dentro de comunidades individuales, a lo largo del curso de un río y, globalmente, por ejemplo, para combatir los peores efectos del cambio climático global.

La mayoría de los gobiernos no están muy bien preparados para enfrentar carencias hídricas serias. Por lo general, los ministerios del agua están llenos de ingenieros y funcionarios civiles no especializados en el tema. Sin embargo, las soluciones duraderas a los desafíos hídricos requieren una amplia gama de conocimientos especializados. Los funcionarios de gobierno también necesitan habilidades y flexibilidad para trabajar con comunidades locales, empresas privadas, organizaciones internacionales y potenciales donantes.

Un paso próximo y crucial es generar instancias de acercamiento entre líderes científicos, políticos y empresariales de sociedades que comparten problemas de escasez de agua -como Sudán, Paquistán, Estados Unidos, Australia, España y México- con el fin de llegar a ideas creativas que les den solución. El desafío común de un desarrollo sostenible debería unir a un mundo dividido por los niveles de ingreso, las religiones y la geografía.


Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía y Director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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